Del campo a la ciudad

Potosí, Bolivia

Teófila Villca es originaria de la comunidad de Lagunillas en Bolivia. A los 9 años aprendió a hilar y torcer el hilo y a los 15 ya tejía fajas y chuspas. A los 20 años tejió su primer awayo en doble faz para usar en una fiesta. Medio año tardó en terminarlo.

Su mamá le enseñó a usar la pushka (huso) chicoteando su mano. Ella recuerda: “Allá en el campo hilamos de día y de noche, mientras caminamos, todo el tiempo. Y tejemos mientras estamos en la casa.”

Ahora vive en Potosí y la vida del campo le parece un lejano recuerdo. Al igual que miles de campesinos, tuvo que buscar en la ciudad una nueva forma de vida para subsistir. Tiene una tienda en un pasaje turístico de la ciudad en la que comercializa textiles de muchas regiones. Sabe de dónde viene cada una de las piezas que tiene y las diferencia a simple vista.

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En la ciudad no se puede caminar hilando, dice, sólo en la casa. Ella aún teje a veces y enseñó de chicas a sus hijas a tejer, pero cuando crecieron, lo dejaron. Se le pierde un poco la mirada y se le quiebra la voz al decir que con ella va a morir su conocimiento.

Todas estudian y no encuentran sentido a tejer cuando pueden comprar su ropa. La hija mayor vive en Santa Cruz de la Sierra, está casada y tiene hijos. Teófila le entregó los awayos de su madre a ella y por el momento, se conforma con saber que los tiene guardados. Aunque todavía conserva la esperanza de que algún día, sus hijas vuelvan a tejer y poder dejarles eso como herencia.